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El Sanador - Reparando Relaciones dañadas
En el núcleo de muchos conflictos hay emociones: cólera, miedo, humillación, odio, inseguridad y aflicción. Las heridas pueden ser profundas. Incluso cuando un conflicto parece resuelto después de un proceso de mediación, arbitraje o votación, es posible que las heridas subsistan y, junto a ellas, el peligro de recurrencia. Un conflicto no se puede considerar totalmente resuelto hasta que haya comenzado a sanar la herida dañada. El rol de el Sanador es ayudar en este proceso.
Crear el clima adecuado No sólo se crea confianza entre los individuos, sino también entre las naciones. En 1977 el presidente egipcio Anuar el Sadat conmovió al mundo cuando ofreció volar a Jerusalén, la capital de los enemigos, para hablar sobre la paz. Por primera atravesó el muro psicológico que separaba a árabes e israelíes. Hasta ese momento ningún líder árabe había reconocido públicamente la existencia del Estado de Israel, ni siquiera pronunciaban su nombre: siempre había sido "la entidad sionista". De la noche a la mañana, el viaje sorpresivo de Sadat a Jerusalén, realizado una semana después de su ofrecimiento, captó la imaginación de millones de personas, tanto israelíes como árabes, y creó el clima que condujo al acuerdo de paz de Camp David entre Egipto e Israel.
Escuchar y reconocer No sólo se cura reconociendo los sentimientos, sino también reconociendo la verdad. En Sudáfrica después del apartheid, el presidente Nelson Mandela creó una Comisión de la Verdad y Reconciliación con el mandato de recopilar e investigar los relatos de las víctimas del apartheid, amnistiar a quienes confesaran su participación en las atrocidades, y recomendar reparaciones para las víctimas. El propósito era utilizar el poder curativo de la verdad para que el pasado brutal no siguiera agitándose. Limitada por el tiempo y los recursos, es posible que la investigación no haya satisfecho la necesidad de justicia de todos los involucrados, pero sí ayudó a muchas víctimas y sus familias. Después de testificar ante la comisión, una víctima, Lucas Baba Sikwepere, que había sido cruelmente cegado por un oficial de policía conocido como "Rambo", declaró lo siguiente: "Siento que lo que me tenía mal durante todo este tiempo era el hecho de que no podía contar mi historia. Ahora parece que he recuperado la vista al venir aquí y contarles lo que ocurrió."
Alentar las disculpas La reacción de la comunidad ante la violencia es lo que a menudo empuja a los involucrados en el sentido de la venganza o de la reconciliación. Cuando en diciembre de 1997 un adolescente fue asesinado en Boston (el primero luego de más de dos años), los vecinos no respondieron como lo habían hecho siempre, añadiendo más cerraduras a las puertas de calle. En lugar de ello, concurrieron en gran número a ofrecer sus condolencias a la familia y a expresar su preocupación por la violencia futura. Esta fue una acción auténtica del tercer lado en acción. Los amigos de la víctima hablaban de venganza, pero en el funeral Carl Jefferson, primo del joven asesinado, dijo: "Su sangre clama. ¿Qué haremos con respecto a su vida y su legado? Pongamos fin a esta violencia." Y no hubo ningún asesinato por venganza.
El perdón no es fácil. "Hay quienes dicen que el perdón es para los débiles" -escribe Marietta Jaeger. "Bien, yo digo entonces que ellos nunca deben haberlo intentado. El perdón requiere trabajo arduo. Hace falta una disciplina diligente, hay que acorralar constantemente nuestros más bajos instintos, cuidarlo que decimos, y negarse a quedar atrapado en la mezquindad de nuestra época. No significa que olvidemos, que absolvamos de responsabilidades. Significa que dejamos que el odio se vaya, que tratamos de separar la pérdida y el costo, respecto de la recompensa o el castigo que consideramos merecidos." "Esto es lo que me ocurrió", explica Jaeger cuando narra de qué modo llegó a hablar con el hombre que mató a su hija de 7 años, e incluso a perdonarlo. Recursos Internet Links:
Breve bibliografia: |